Tres mitos sobre Japón de los que Occidente no logra desprenderse


Todos los países son reconocidos por sus cultura y costumbres etc. A menudo es muy difícil desprenderse de los estereotipos nacionales y raciales.

Pero en el caso de Japón, la gente en Occidente parece particularmente determinada a aferrarse a una serie de mitos establecidos desde hace mucho tiempo, argumenta el doctor Chris Harding, escritor, locutor y profesor de historia de Japón e India de la Universidad de Edimburgo.

Aquí los mitos sobre el país Nipón.

1. Japón es intrínsecamente extraño

"Encontrarse de pronto en un mundo donde todo tiene una escala mucho más pequeña y delicada que nosotros -un mundo de seres menudos y aparentemente más bondadosos, todos sonriéndote como deseándote lo mejor- un mundo donde todo el movimiento es lento y suave, y las voces son susurros... esto es sin duda la materialización -para las imaginaciones nutridas con el folclore inglés- del viejo sueño del Mundo de los Elfos".
Así escribió el autor Lafcadio Hearn hace 125 años. A través del siglo que siguió, un número incontable de occidentales visitó y trabajó en Japón.

Pronto la cultura japonesa estuvo disponible para nosotros tanto en literatura como cine.
Y, sin embargo, a pesar de ello, en los 1980 el autor australiano-británico Clive James publicó un brillante diario de viajes sobre Japón donde todo lo veía con una perplejidad cómicamente fría.

2. Los japoneses son peligrosos

Las atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial dio a las Fuerzas Armadas japonesas una poderosa reputación de crueldad. Pero una noción que se ha propagado por Occidente es que los japoneses son personas inherentemente impredecibles y peligrosas: que su famosa finura es una máscara que esconde algo amenazador.


Esto se remonta al menos hasta los 1850, cuando los viajeros y diplomáticos británicos miraron la tolerancia que tenían los japoneses ante su presencia en el país convertirse en ataques esporádicos contra los Occidentales y sus ayudantes japoneses.
Vincularon la violencia a la actitud particular de la clase samurái y esa asociación se quedó pegada.
Algunas de estas ideas antiguas sobre los samurái fueron, en parte, creaciones japonesas: fantasías inventadas para lectores occidentales dispuestos a pagar dinero por cuentos exóticos de violencia y sexo.

3. Las mujeres japonesas son sumisas

Japón ha sido visto como la tierra que el feminismo olvidó. Tanto los comentaristas japoneses como occidentales tienden a ver a las geishas como el ideal de la femineidad japonesa: atractivas y sutiles, subordinadas al hombre, pero suficientemente listas para ser una buena compañía.

Después surgió la influyente antropóloga estadounidense de los 1940, Ruth Benedict, quien escuchó que las niñas japonesas sólo recibían educación suficiente para colocar los libros de sus esposos en la posición correcta en las repisas una vez que acabaron de sacudirles el polvo.
Durante los 1960, cuando los hombres occidentales no estaban seguros de cómo tomar el ascenso de los movimientos de liberación femenina, todo esto parecía profundamente atractivo.
Las japonesas incluso recibieron el máximo sello de aprobación en 1967, cuando Mie Hama se convirtió en la chica Bond "Kissy Suzuki" en You Only Live Twice (Sólo se Vive Dos Veces).
via:

BBC.com

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