Primarias de Nueva York y obliga a los republicanos a aceptarle o a una guerra fratricida



Anuncio:Donald Trump no ha ganado las primarias en Nueva York. Más bien, ha arrasado. Una cosa es ser favorito y tener casi la certeza de pasar del 50% del voto. Otra cosa es sobrepasar el 60%, y dejar al principal rival, Ted Cruz, en el 15%. De los 95 delegados en juego, Trump ha ganado 89, y el gobernador de Ohio, John Kasich, 3. Aún quedan por adjudicar tres, de los que el empresario podría llevarse otros dos.
Dos minutos ha necesitado el diario USA Today para proclamar al promotor inmobiliario y estrella de 'reality shows' Donald Trump vencedor de las primarias del estado de Nueva York. El Wall Street Journal, cuatro. Y el New York Times, seis. Así de aplastante ha sido la victoria del candidato republicano en el estado en el que nació y en el que ha desarrollado toda su actividad profesional como constructor, promotor inmobiliario, gestor de casinos y protagonista del 'reality show' El Aprendiz.
Trump ha conseguido el mayor éxito de ningún candidato en las primarias republicanas. La mejor prueba de ello es que Kasich pasó pasando la noche electoral en Annapolis, en el estado de Maryland, y Cruz en Philadelphia, en el de Pennsylvania. Ambos estados celebran sus primarias el martes que viene. Y Cruz y Kasich también van a perder en ellas. No solo eso: el vigor de Kasich en Nueva York sugiere que el voto contra Trump va a partirse, al menos en esos seis estados, lo que supone una excelente noticia para el empresario que ve, una vez más, como sus rivales no logran presentar un frente unido.
A falta de que se adjudiquen esos últimos 3 delegados, Trump cuenta ya con 845 que van a votar por él en la Convención Republicana de Cleveland. Eso le deja a solo 392 delegados de los 1.237 necesarios para alcanzar matemáticamente la nominación. A partir de ahora, le basta con conseguir el 50% de los delegados en liza para conseguir esos 1.237. Es una cifra difícil, pero no inalcanzable.
Cruz, por el contrario, tiene que lograr más del 95%. Y eso es, lisa y llanamente, imposible. Además, a Trump le basta con quedar a menos de 100 delegados de los necesarios para hacer imposible cualquier intento de arrebatarle la candidatura, ya que hay decenas de delegados que no se han comprometido y a los que el empresario puede convencer.
Pero los 'pesos pesados' republicanos no están de acuerdo con eso. El republicano con más poder del partido, el presidente del Senado, Mitch McConnell, dio ayer su opinión: guerra civil antes que Trump. "Soy crecientemente optimista acerca de que haya una segunda votación en la Convención", dijo. Una segunda votación se produce cuando ningún candidato logra el número de delegados necesario para ser nominado a la presidencia.
A medida que se van produciendo votaciones, un número creciente de delegados queda liberado de sus compromisos y puede votar a quien quiera. Si ése es el caso, la Convención Republicana va a tener toda la animación de un encierro de Sanfermines, pero sin alcohol. La última vez que sucedió eso fue en 1976, entre Gerald Ford y Ronald Reagan. Y, como en todos buenos Sanfermines, también volaron las bofetadas.
En esta ocasión, además, las bofetadas volarían con más generosidad porque el aparato del partido tampoco quiere que Ted Cruz sea el nominado, lo que obligaría a sacar un caballo blanco, o a alguien presto al sacrificio, que esté dispuesto a llevar el estandarte de un Partido Republicano en guerra civil hasta lo que parecería una derrota inevitable en noviembre, salvo que Hillary Clinton, con su proverbial habilidad para meter la pata, destruya ella sola su propia campaña.



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